Un día la vida brilló, tomé una
foto y se esfumó para no volver. Mi fantasma se fue y con él la posibilidad de
amar, a veces pierdo la noción del tiempo y mis jueves se vuelven lunes, un
infinito circulo enfermizo de telas de araña y botellas de soda. La memoria
falla pero el dolor se acumula, maldito corazón que no selecciona alegrías, que
solo se enfoca en horrores del pasado, distantes y cambiantes a su antojo.
Maldita prosa depresiva, que en mi alma se entierra. Ganas de llorar no
realmente, de gritar y destrozar la podredumbre del ser. Estoy molesta ¿Y qué?
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